Días de futbol

12:21

Foto: Just Jared

Tan sólo he ido una vez a ver al Real Madrid C.F. en su estadio. Fue hace años, en un viaje que realicé con unos amigos para vernos con otros amigos, valga la redundancia, que se encontraban estudiando en la capital (la clásica farra universitaria).  Fue un 3 de diciembre (lo recuerdo porque casualmente se celebraba mi santo) y el equipo blanco jugaba contra su humilde vecino de Getafe.

A los pocos minutos de comenzar el encuentro, Ronaldo (el de verdad, el gordo) recibió un pase largo que controló con el brazo y acabo en el fondo de la red. Era muy difícil ver al brasileño fallar. A raíz del gol, el partido fue un auténtico suplicio para el aficionado merengue. El equipo azulón, con un presupuesto de risa comparado al de su rival, acorraló al equipo de casa en su propio área. Figúrense si fue tal el asedio, que al día siguiente el entrenador local, Vanderlei Luxemburgo y su `cuadrado mágico´, hicieron las maletas rumbo a casa.

Beckham se resiente al ser expulsado.
Foto: El Mundo
Corría ya la segunda mitad y la agonía aún continuaba. Por suerte, el marcador seguía intacto. Uno a cero para el equipo local. El Madrid, desbordado, sólo acertaba a despejar balones fuera de su área. El público, indignado, empezaba a silbar y a reprochar a sus propios jugadores el bochornoso espectáculo que estaban viendo. Se oían pitos y más pitos en el Santiago Bernabéu.

Entre la impotencia y el pánico generalizado de su equipo, un inglés con `título de caballero´, realizó una desafortunada entrada sobre el contrario. Roja directa. David Beckham acababa de ser expulsado, en casa y en el peor partido que había jugado su equipo en mucho tiempo. La falta no daba pie a discusiones (fue una patada a lo Bruce Lee) y el árbitro - que anteriormente se había equivocado en la jugada del gol - acertó de pleno.

Entonces ocurrió algo inesperado. Tras la merecida expulsión del mediocentro, el Santiago Bernabéu se puso en pie y aplaudió al jugador inglés que se marchaba a los vestuarios antes de tiempo. Lo extraño del suceso, es que la ovación corría a cargo del mismo público que segundos antes gritaba a su equipo por la humillación recibida.

¿Por qué os cuento todo esto? Os he contado esta historia, porque al ver la fotografía que abre esta entrada, ha vuelto a mi memoria (intoxicada de fútbol, moda y series de ficción) aquel día. En la foto, Beckham lleva puesta una americana de terciopelo, un chaleco acolchado y una boina de cuadros. Seguramente esté exagerando, pero estas piezas puestas en la mayoría de los mortales provocarían arcadas. Pero el inglés tiene algo que le permite lucir con estilo el mencionado conjunto. Algo especial que lo convierte en el hombre más mediático de la Tierra.  Algo único que le permitió salir ovacionado aquel día gris.

Mr Beckham, you have something special.


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1 comentarios

  1. Sin duda un jugador especial.

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