Asistimos a una fiesta clandestina de Alhambra 1925

20:49


Citados en una calle (que no podemos nombrar), en un céntrico barrio de la capital, asistimos puntuales a nuestra cita clandestina. Ni una sola persona, ni ninguna placa ni logo que nos indique que estamos en la dirección correcta: tan solo una gran puerta, con cristal esmerilado, en el que se puede adivinar que dentro hay una sala iluminada.

Tras esperar frente a  la puerta durante unos minutos por si ocurre algo, decidimos pasar a la acción. Como tampoco hay timbre para llamar, empujamos contundentemente la puerta y...

¡ESTO ES LO QUE NOS ENCONTRAMOS!

 La iluminación tenue de la fiesta clandestina reflejaba la intimidad de la ocasión.

¡Oh, sí! Nuestras fuentes eran fiables y nada más entrar nos topamos con un caballero, vestido rigurosamente de negro, pajarita incluida, que nos pide que nos identifiquemos. Tras dar nuestro nombre y dejar nuestro abrigo en el perchero, tan solo nos preocupamos por beber Alhambra 1925 y dejarnos llevar por su propuesta de ocio y arte. De hecho, el código secreto de esta clandestina no es otro que #ArteporDescubrir.

En un ambiente relajado y distendido, los asistentes de la fiesta clandestina utilizaron el enclave como su casa.

Aunque desde fuera no lo parecía en absoluto, el local de la fiesta es bastante amplio y en él encontramos varios rincones con mucho arte: en el centro, un DJ nos invita a bailar al ritmo de la música; al fondo a la izquierda, un joven pintor dibuja a brochazos un cuadro con una botella de Alhambra 1295 como protagonista; muy cerca, a su derecha, encontramos a un artista que realiza caricaturas digitales a los invitados; finalmente, en el otro extremo de la sala, un elegante piano negro llama nuestra atención.

Y hacemos bien al fijar nuestra atención en ese noble objeto porque, instantes después, el DJ silencia sus altavoces para dar la bienvenida a un pianista y a una violinista que nos deleitan con sublimes partituras. De hecho, aquí nada es convencional y el violín de la estrella es eléctrico.

Al fondo de la sala, un joven artista dibujaba un gran cuadro durante el evento.

Conforme avanza la noche, así como el número de Alhambras 1925 que nos tomamos, el ambiente va in crescendo y todos los asistentes nos sentimos parte de una gran obra de arte efímera que, por su condición de clandestina, solo podremos disfrutar nosotros durante unas horas.

Por eso, si quieres conocer más detalles de estas fiestas clandestinas, te invito a seguirle la pista a través del hashtag #ArteporDescubrir

Bebe con moderación, es tu responsabilidad.


Artículo escrito por Javier Ollero para Rayas y Cuadros (www.rayasycuadros.net)
Todos los derechos reservados


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